¿Son los vaporizadores una alternativa de menor riesgo que fumar cannabis?
Resumen
El consumo de cannabis se asocia a diversos efectos adversos para la salud física y mental, además de aumentar el riesgo de accidentes de tránsito. Numerosas organizaciones y las Directrices para el Consumo de Cannabis de Menor Riesgo recomiendan el uso de vaporizadores de cannabis en lugar de fumarlo, con el fin de reducir los riesgos para la salud asociados. Este comentario analiza la evidencia actual sobre el potencial de reducción de daños del vapeo de cannabis.
El uso de vaporizadores de cannabis disminuye la emisión de monóxido de carbono, los síntomas respiratorios crónicos y la exposición a diversas toxinas, al tiempo que produce efectos subjetivos y concentraciones de THC en sangre similares a los generados al fumar cannabis. Por ello, representa una opción con potencial para reducir daños en las personas que consumen cannabis de forma habitual.
No obstante, los usuarios nuevos de cannabis, independientemente del método de consumo, pueden sufrir efectos subjetivos intensos y deterioro cognitivo, además de presentar mayor susceptibilidad a la dependencia. En consecuencia, los responsables de las políticas deben limitar el acceso al cannabis entre los jóvenes e implementar estrategias para reducir la conducción bajo los efectos de esta sustancia.
Las futuras investigaciones deberán centrarse en las consecuencias del cambio de hábito: pasar de fumar cannabis a vapear hierba seca con vaporizadores en consumidores crónicos, los resultados a largo plazo del vapeo de cannabis con fines medicinales, y profundizar en la relación entre las lesiones pulmonares asociadas al vapeo y los líquidos electrónicos que contienen THC.
Palabras clave: Cannabis; Tabaquismo; Vaporizadores; Vapeo; Reducción de daños
Introducción
En octubre de 2018, Canadá se convirtió en el segundo país en legalizar el cannabis para uso recreativo a nivel federal, mediante la Ley del Cannabis. Existen múltiples formatos de productos derivados del cannabis, tanto en el mercado legal como en el ilícito: flores o hojas secas, aceite de cannabis, extractos concentrados por procesos químicos (aceite de hachís de butano, cera, resina compacta, pasta de cannabis), extractos concentrados físicamente (hachís o polen de cannabis), comestibles, bebidas, tinturas, aerosoles y productos tópicos (Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina, 2018).
Los usuarios suelen fumar cannabis en porros (cigarrillos liados a mano), pipas, pipas de agua (bongs o cachimbas), puros rellenos de cannabis o mezclas de tabaco y cannabis en cigarrillos liados. Por su parte, el vapeo consiste en calentar hierba seca o líquido e inhalar el aerosol mediante un vaporizador o cigarrillo electrónico. El dabbing es otra modalidad de vapeo que utiliza extractos concentrados de cannabis (aceite de hachís de butano, aceite de miel, cera, pasta o resina compacta) (Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina, 2018).
Datos de la Encuesta Canadiense sobre Cannabis de 2019, realizada tras la legalización, indicaron que el 84 % de los consumidores fumaba cannabis, el 27 % lo vapeaba con bolígrafos de vapeo o cigarrillos electrónicos y el 15 % usaba vaporizadores tradicionales (Gobierno de Canadá, 2019). Tras la reciente legalización del cannabis, ha crecido el interés por estudiar sus efectos en la salud.
El estudio de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina (2018) concluyó que el tabaquismo crónico de cannabis está estrechamente vinculado al aumento de síntomas respiratorios (tos, flema y sibilancias) y a episodios más frecuentes de bronquitis crónica, en comparación con las personas que no lo consumen. Diversas organizaciones y expertos han emitido recomendaciones para mitigar los riesgos sanitarios del consumo de cannabis. Por ejemplo, las Directrices para el Consumo de Cannabis de Menor Riesgo, elaboradas por el Centro de Adicciones y Salud Mental, aconsejan utilizar métodos alternativos como los vaporizadores, en lugar de fumar, para evitar la combustión y reducir problemas respiratorios (Fischer y cols., 2017).
Por el contrario, los recientes brotes de enfermedades respiratorias vinculadas al consumo de productos de vapeo con delta-9-tetrahidrocanabinol (THC), en su mayoría no regulados, han causado 2807 hospitalizaciones y 68 muertes en los Estados Unidos; además, se investigan casos adicionales en Canadá (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, 2020; Gobierno de Canadá, 2020). Esta situación cuestiona la seguridad relativa del vapeo como método de consumo. Actualmente, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos desaconsejan el uso de productos de vapeo que contengan THC o cannabis (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, 2020).
El presente texto recopila la evidencia y los puntos de vista existentes sobre los daños relativos y la reducción de riesgos del vapeo de cannabis, y analiza si hay argumentos suficientes para seguir fomentando esta modalidad por encima de otras vías de consumo.
Efectos respiratorios
Se ha demostrado que el vapeo de cannabis no genera compuestos pirolíticos tóxicos ni subproductos indeseables (como hidrocarburos aromáticos policíclicos cancerígenos, benceno o tolueno) y reduce la exposición al monóxido de carbono, por lo que disminuye los riesgos respiratorios en comparación con el tabaquismo (Abrams y cols., 2007; Gieringer y cols., 2004; Spindle y cols., 2018).
Un pequeño ensayo no aleatorizado (12 participantes) registró una mejora notable de los síntomas respiratorios y de la capacidad vital forzada en personas que pasaron de fumar a vapear cannabis durante 30 días (Van Dam y Earleywine, 2010). Otro estudio transversal determinó que los usuarios de vaporizadores tenían un 40 % menos de probabilidades de presentar síntomas respiratorios como tos, flema y opresión torácica que quienes fumaban cannabis, incluso tras ajustar los datos por consumo de tabaco y cantidad de cannabis ingerida (Earleywine y Barnwell, 2007). No obstante, no existen ensayos clínicos aleatorizados ni estudios de cohortes publicados que analicen los efectos respiratorios a largo plazo del cambio a los vaporizadores.
Por otra parte, las investigaciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades sobre la lesión pulmonar asociada al uso de cigarrillos electrónicos y productos de vapeo (EVALI, por sus siglas en inglés) revelaron que el 73 % de los afectados utilizaba productos de vapeo con THC de forma ocasional, mientras que el 33 % los usaba de forma exclusiva (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, 2020).
Los análisis de biopsias pulmonares de pacientes con EVALI, realizados por los citados centros y la Administración de Alimentos y Medicamentos, detectaron concentraciones elevadas de acetato de vitamina E. Esta sustancia se usa como diluyente en la mayoría de los productos de vapeo con THC no regulados y puede alterar el funcionamiento normal de los pulmones (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, 2020).
Efectos cardiovasculares
El estudio de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina (2018) concluyó que la evidencia sobre la relación entre el tabaquismo de cannabis y el infarto agudo de miocardio, el accidente cerebrovascular isquémico y la hemorragia subaracnoidea es limitada.
Un estudio registró aumentos similares de la frecuencia cardíaca tanto al fumar como al vapear cannabis (Newmeyer y cols., 2017a, 2017b), mientras que otra investigación determinó que el incremento de la frecuencia cardíaca fue notablemente mayor tras el uso de vaporizadores (Spindle y cols., 2018). A día de hoy, se desconocen las consecuencias a largo plazo del uso de vaporizadores de cannabis sobre el sistema cardiovascular. Se requieren más estudios para analizar los efectos cardíacos del cambio de hábito: pasar de fumar a vapear cannabis.
Efectos cognitivos, psicomotores y en la salud mental
El consumo agudo y crónico de cannabis provoca deterioro en el aprendizaje verbal, la memoria y la atención, además de alterar las funciones psicomotoras tras la exposición reciente (Broyd y cols., 2016; Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina, 2018).
Los ensayos clínicos aleatorizados demostraron que, en usuarios ocasionales, el vapeo de cannabis genera un deterioro cognitivo y psicomotor más pronunciado que el tabaquismo (Spindle y cols., 2018). En cambio, en consumidores habituales no se observaron diferencias significativas en el rendimiento de tareas psicofísicas entre ambas modalidades, probablemente debido al desarrollo de tolerancia por el consumo crónico (Newmeyer y cols., 2017a, 2017b).
Las alteraciones de la capacidad cognitiva suponen un riesgo para la seguridad cotidiana, especialmente en la conducción. El estudio de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina (2018) confirmó la existencia de evidencia sólida que vincula el consumo de cannabis con los accidentes de tránsito.
Estudios de simulación de conducción con usuarios recreativos demostraron que el vapeo de cannabis deteriora la ejecución de tareas complejas, reduce la percepción propia de la capacidad al volante y provoca desviaciones constantes de carril durante hasta cinco horas después del consumo (Arkell y cols., 2019; Ogourtsova y cols., 2018). Incluso el uso de proporciones combinadas de cannabidiol y THC no mitigó los efectos del tetrahidrocanabinol ni mejoró los indicadores de conducción (Arkell y cols., 2019). Estos resultados demuestran que, en materia de conducción, el vapeo de cannabis no es una alternativa más segura que fumarlo. Las Directrices para el Consumo de Cannabis de Menor Riesgo recomiendan esperar al menos seis horas después de consumir cannabis antes de conducir (Fischer y cols., 2017).
El consumo de cannabis está asociado a la aparición de psicosis, esquizofrenia, trastornos de ansiedad, depresión, trastornos bipolares y conductas suicidas (Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina, 2018). Un ensayo clínico aleatorizado indicó que el vapeo provoca episodios de paranoia aguda con mayor frecuencia que el tabaquismo en usuarios ocasionales (Spindle y cols., 2018). Aun así, faltan investigaciones sobre las consecuencias agudas y crónicas en la salud mental al cambiar de fumar a vapear cannabis.
Las directrices antes mencionadas recomiendan que las personas con antecedentes familiares de psicosis o trastornos por consumo de sustancias eviten todo tipo de cannabis (Fischer y cols., 2017). Además, el consumo en edades tempranas se relaciona con anomalías en el cerebro adolescente y el desarrollo de trastornos por consumo de cannabis y otras sustancias (Jacobus y Tapert, 2014). Por ello, es necesario adoptar medidas para limitar el acceso al cannabis entre los jóvenes.
Efectos subjetivos y farmacocinéticos
Un estudio observó que, en usuarios recreativos, los efectos máximos subjetivos (sensación de bienestar, subidón, aturdimiento y estimulación), medidos mediante escalas visuales analógicas, aparecían al mismo tiempo tanto al fumar como al vapear cannabis, con variaciones similares en la concentración de THC en sangre. No obstante, los efectos subjetivos duraban más tras fumar (entre 1,5 y 3,5 horas) que al usar vaporizadores (entre 15 minutos y 1 hora) (Newmeyer y cols., 2017a, 2017b).
En otro ensayo con dosis iguales de THC (10 o 25 mg) en usuarios ocasionales, las puntuaciones de efectos subjetivos fueron más elevadas tras el vapeo, al igual que los niveles de THC en sangre (Spindle y cols., 2018). Parece que los consumidores habituales pueden regular la dosis al vapear, algo que no ocurre con los usuarios novatos.
Debido a que el vapeo se percibe como una modalidad más segura, con mejor sabor, efectos más intensos y mayor discreción, los jóvenes suelen probar primero esta forma de consumo y desarrollar dependencia con mayor facilidad; este aspecto debe ser tenido en cuenta por los responsables de las políticas públicas (Budney y cols., 2015).
Uso terapéutico
Se ha demostrado la eficacia del cannabis para tratar el dolor crónico, el dolor neuropático, la espasticidad muscular en la esclerosis múltiple y las náuseas y vómitos provocados por la quimioterapia, por lo que su uso está autorizado para estas indicaciones (Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina, 2018).
El vapeo se considera una vía eficaz para administrar dosis terapéuticas de cannabis: presenta mayor biodisponibilidad que la vía oral y evita los riesgos respiratorios del tabaquismo (Bruni y cols., 2018; Gieringer y cols., 2004; Varlet y cols., 2016). Se requieren más investigaciones, con especial atención a la estandarización de dosis, la relación con la lesión pulmonar asociada al vapeo y los resultados a largo plazo del vapeo de cannabis medicinal.
Conclusión
La diversidad de formatos y concentraciones de productos de cannabis en el mercado legal ha generado una creciente preocupación por el aumento de efectos adversos para la salud. Científicos y responsables políticos buscan alternativas que reduzcan los daños y la carga para el sistema sanitario derivada del tabaquismo de cannabis.
La evidencia disponible indica que, en comparación con fumar, el vapeo de cannabis reduce la exposición a múltiples toxinas y al monóxido de carbono, y disminuye los síntomas respiratorios crónicos, a la vez que genera efectos subjetivos semejantes. Por ello, tiene potencial para reducir daños en consumidores habituales. Asimismo, el vapeo es una vía eficaz para administrar dosis terapéuticas de cannabis, frente a la vía oral y el tabaquismo.
Las futuras investigaciones deben analizar los beneficios y riesgos de que los consumidores crónicos pasen de fumar a vapear hierba seca, así como los resultados a largo plazo del vapeo terapéutico de cannabis.
No obstante, es importante destacar que, en lo referente al deterioro cognitivo, los trastornos de salud mental, la alteración de la conducción y el riesgo de dependencia en usuarios nuevos, los riesgos superan los beneficios. Por ello, es necesario implementar políticas que limiten el acceso al cannabis entre la población joven. Además, se debe investigar exhaustivamente la relación entre la lesión pulmonar asociada al vapeo y los líquidos electrónicos que contienen THC.
Contribución de los autores
Todos los autores participaron en la elaboración del estudio. Michael Chaiton ideó la revisión y estableció los criterios para la búsqueda bibliográfica. Anasua Kundu y Patricia Di Ciano realizaron la búsqueda de referencias y redactaron el manuscrito. Todos los autores revisaron y editaron las versiones previas del texto, y aprobaron el manuscrito final.
Referencias
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Nota importante
El cannabis y el THC son sustancias prohibidas en la República Popular China. Su cultivo, tráfico, venta y consumo constituyen delitos penales. Se advierte encarecidamente que se mantenga alejado de todo producto que contenga estas sustancias.


